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¿POR QUÉ SAMURÁI?

En el año 794, en la actual Kyoto, se inició una brillante fase en la historia japonesa enmarcada por el cultivo de las artes y la imitación de la refinada cultura del Imperio chino. A la par, lejos de ese lugar, en las provincias más agrestes del país, hicieron aparición un tipo de guerreros que terminaría imponiendo su ley y encarnando el espíritu japonés durante más de mil años.

A éste guerrero, en sus orígenes se le denominó de distintas maneras: tsuwamono, mononofu, bushi… pero el que terminó quedándose fue samurái, entendido como <<servidores>>, de donde surgió la palabra hoy extendida a lo largo del mundo: el samurái.

National Geographic España apunta varias teorías sobre el nacimiento de los samuráis: que iniciaron como defensores de una propiedad agraria; como soldados-cazadores en las provincias del este; soldados-marineros del oeste; jinetes armados naturales de las provincias del este (por sus buenos caballos, arqueros y chamanes), o como parte de bandas de forajidos de las provincias del este que mantenían vínculos comerciales con las comunidades agrícolas vecinas.

Sin importar su origen, para el siglo X los samuráis ya conformaban una clase social bien definida, caracterizada por su propiedad de la tierra y una actividad guerrera. Condición que se transmitía incluso de manera hereditaria. Fue a mediados del siglo XII, cuando los samuráis alcanzaron su madurez y se establecieron con fuerza en la escena política japonesa.

Etimológicamente, el samurái refiere a aquel que sirve, condición que hacían íntegramente al proteger los intereses del señor al que servían. Gracias a que eran entrenados desde pequeños en las artes marciales, en su juventud se convertían en grandes arqueros, jinetes y espadachines.